quarta-feira, 28 de março de 2012

Artesanía del dolor

La capital aplasta todo y corrompe la cabaña y pronto ya no existen. Va a ser sólo la memoria de aquellos que la vivieron, y que vieron las fotografías, como los que están en el archivo de este blog.

(Por Luis Fernando Arbo)

Depósito de sí mismo que es la foto de la vieja casa. Es una resistencia al progreso. El sufrimiento de forma estática destinada ha ser enterrado y reemplazado por un edificio comercial, una casa moderna, etc.
¡La casa reacciona! Es una burla a la nueva ciudad. En su sótano, muchos fantasmas vagando errantes, la crónica de sus dramas familiares, alegrías, celebraciones y varias desgracias. ¿Quién vivió allí? ¿Por qué razón ha llegado a un punto de decadencia y decrepitud?
Las casas, como ocurre con los hombres, también mueren. Los hombres tienen la primacía de la creencia en la inmortalidad. Se sirve de consolación.
Todo tiene su pico y su declive puesta del sol. ¡Obvio! Me duele verlo en el simbolismo de una casa. La casa tiene el número 885. Número prácticamente inexistente, en su totalidad significativa en el pasado, pero ahora un edificio en ruinas.
¡Luto se acerca! ¡Luto inevitable! Confieso que siquiera es necesario entrar en la cabaña y me dijo que ya conozco su interior. ¿Algo de una vida pasada? Tal vez he vivido allí, porque creo en la reencarnación según el Espiritismo.
Tenía yo un poder bajaría (en el sentido legal de protección, se vuelven indestructibles y en conserva) la dicha casa. Sería intacta y preservada. Sería una parte de la ciudad no afectada por ese progreso. Un contraste al nuevo. Un pequeño universo con forma de mostrar que ni todo tiene la misma ruta y destino.
Pero nada! Gran ilusión! Un nuevo panorama va a prevalecer. La capital aplasta todo,   y la cabaña  pronto no existe. Va a ser sólo la memoria de aquellos que la vivieron, y que vieron las fotografías, como los que están en el archivo de este blog.
Y es que todo resulta en el archivo. ¡Incluso Bill Gates! Esta casa es un poco de melancolía que la finitud nos provoca. Resistir con la conciencia de que pronto seremos como esta casa, camino viejo y decrépito, es lo inevitable. Se convertirá mero recuerdo en la memoria de quien conocía y amaba, o permanecerá en cualquier foto en un álbum debilitado por la acción innegociable e irrevocable del tiempo.

Y así seguimos: haciendo artesanías del dolor.

Y parece que veo y escucho la poesía del cuervo siniestro de Edgar Allan Poe (con su idea irreductible de la irreversibilidad de las cosas) diciendo: “ ¡Never more! ¡Never more!”


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